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1. INTRODUCCIÓN

Las redes mundiales de información están transformando el mundo y acercando más a la gente por medio de la mejora de las comunicaciones mundiales: la visión de una sociedad mundial de la información está tomando forma. Esta mundialización está haciendo posibles profundas transformaciones económicas y sociales, que se extienden a todos los ámbitos de la actividad humana. El desarrollo rápido y coherente de la sociedad de la información se ha vuelto esencial para la competitividad, el empleo y la calidad de vida de las naciones. Europa debe comprender todo su potencial.

Las nuevas tecnologías multimedios avanzadas para la información y las comunicaciones convergen y se incorporan a nuevos productos y servicios para la vida cotidiana - en la empresa, los servicios públicos y la esfera privada. Esto ofrece nuevas oportunidades de crecimiento a la sociedad en su conjunto, a través de:

Los productores, proveedores de servicios y usuarios se benefician de diversos modos de esta evolución: obtienen acceso mundial a información y esparcimiento de forma sencilla y económica y pueden, igual de fácilmente, transmitir información a todo el mundo y establecer nuevos canales de información y comunicación, con fines comerciales o sociales.

El comercio electrónico será uno de los motores clave de la infraestructura de la información mundial y un componente fundamental de la sociedad de la información europea. Además, tendrá una repercusión considerable en la competitividad de Europa en los mercados mundiales.

Con las nuevas tecnologías, el tiempo y la distancia dejan de ser obstáculos. Esto tiene una importancia especial para las comunidades muy dispersas o las regiones alejadas de los principales centros de población.

Las redes mundiales ofrecen también un campo enorme a la diversidad. Los contenidos pueden dirigirse a una audiencia masiva o a un pequeño grupo de expertos o entusiastas y buscar un alcance mundial o meramente local. Se puede presentar información sobre temas muy especializados o utilizando lenguas minoritarias, en los casos en que los medios tradicionales de distribución pueden no resultar económicos.

Las administraciones públicas podrán utilizar las redes mundiales para mejorar la calidad de determinados servicios a los ciudadanos, especialmente el asesoramiento sobre derechos y deberes cívicos y la información sobre las actividades de las administraciones públicas tanto nacionales como locales. Se podrá mantener un diálogo permanente con los ciudadanos. Las administraciones públicas, al igual que el sector privado, podrán utilizar las redes mundiales tanto para incrementar la eficacia de sus actuaciones gracias a unas mejores comunicaciones y un mayor flujo de información, que como participantes en el comercio electrónico.

Las redes mundiales de información, como Internet, no conocen fronteras; sus aspectos sobresalientes son su dimensión mundial y el hecho de estar abiertas a todos los usuarios. El carácter internacional de las redes reduce la eficacia de las iniciativas puramente nacionales y es un argumento de peso para incrementar la cooperación internacional y alcanzar siempre que sea posible acuerdos internacionales sobre los objetivos que deben buscarse y los mejores medios de lograrlos.

Por consiguiente, los gobiernos deben estar preparados para trabajar juntos a escala mundial, con un entendimiento común, para proseguir la promoción y fomentar el establecimiento y utilización de infraestructuras de información mundial. Deberá prestarse especial atención a las consecuencias de las tecnologías convergentes para el marco regulador. En concreto, los gobiernos pueden suministrar un marco jurídico estable y predecible, que garantice un equilibrio justo entre los intereses de los productores y los de los consumidores de bienes y servicios electrónicos.

Los gobiernos tienen un papel esencial que desempeñar a la hora de garantizar que los sistemas educativos tomen en consideración las nuevas tecnologías y las utilicen al máximo en la enseñanza. Es importante que el proceso de aprendizaje sea permanente y que se disponga de las instalaciones apropiadas. Como ya se ha mencionado, las redes mundiales tendrán un papel esencial en la eliminación de las desventajas de las regiones alejadas de los centros tradicionales de actividad y los gobiernos pueden garantizar que se disponga de la infraestructura necesaria y que los usuarios puedan acceder a ella de forma asequible.

La apertura de mercados es fundamental para el rápido crecimiento de la utilización de nuevos servicios y la asimilación de tecnologías innovadoras, de acuerdo con los ocho principios fundamentales acordados en la conferencia del G7 celebrada en Bruselas en febrero de 1995, en la que se pidió a los gobiernos garantizar un marco apropiado destinado a fomentar la inversión privada y la utilización en provecho de todos los ciudadanos. Dichos principios son los siguientes:

Estos principios se han convertido en principios básicos para los principales países industrializados en sus estrategias y programas de actuación nacionales.

Las ventajas de las redes mundiales de información sólo se obtendrán si se realizan las adaptaciones necesarias del marco jurídico y regulador existente, con el fin de garantizar que cumple totalmente los nuevos requisitos. Sólo se adoptarán nuevas reglamentaciones si son necesarias en aras del interés público y se utilizarán otros enfoques si pueden lograrse los mismos objetivos de forma que exista una mayor flexibilidad y un mayor estímulo del potencial de los participantes. Dado que esto abarca una serie de ámbitos jurídicos y de políticas, es absolutamente necesario que las iniciativas, bien de las administraciones públicas, bien del sector privado, se coordinen con todos los agentes afectados. En este contexto, es especialmente importante que se protejan adecuadamente los derechos individuales de los ciudadanos, que cada vez deben utilizar más la tecnología avanzada de la sociedad de la información.

Recientemente se han celebrado varios acuerdos importantes de ámbito mundial. La Declaración Ministerial sobre Comercio de Productos de Tecnología de la Información, adoptada en Singapur el 13 de diciembre de 1996, contempla la ampliación del comercio mundial de productos de tecnología de la información. Desde entonces, se han llevado a cabo negociaciones cuyo resultado es que los aranceles aduaneros para los productos de tecnología de la información se reducirán gradualmente hasta desaparecer el 1 de enero del año 2000. El acuerdo abarca el 90% del comercio mundial de estos productos.

El acuerdo de la OMT sobre servicios básicos de telecomunicaciones celebrado en Ginebra el 15 de febrero de 1997 prevé una serie de medidas de liberalización en 70 países que representan más del 90% del mercado mundial de telecomunicaciones.

La Conferencia Diplomática de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) sobre determinadas cuestiones de derechos de autor y derechos afines, celebrada en Ginebra del 2 al 20 de diciembre de 1996, aprobó dos nuevos tratados en este ámbito. El Tratado de la OMPI sobre los derechos de autor confirma la aplicación de los principios fundamentales de la Convención de Berna para la protección los trabajos literarios y artísticos a las nuevas tecnologías, especialmente el derecho de reproducción, y mejora las disposiciones relativas a la comunicación al público. En cuanto a los derechos afines, el Tratado de la OMPI sobre interpretación o ejecución y fonogramas actualiza la Convención de Roma de 1961 y constituye un avance fundamental en la protección de los artistas que actúan en público y los productores de fonogramas. También se hizo una recomendación para continuar el trabajo preparatorio para la adopción de un protocolo sobre los derechos de los artistas sobre las grabaciones audiovisuales de sus actuaciones y un tratado sobre la propiedad intelectual de las bases de datos.

Por lo tanto, en lo referido a la infraestructura, se están dando importantes pasos políticos para crear un marco en el que puedan desarrollarse las fuerzas de mercado y que conduzca, en último término, a la prosperidad y el empleo. El énfasis debe pasar ahora de la infraestructura a la creación y transmisión de contenidos, así como el desarrollo de servicios de valor añadido, con el fin de explotar totalmente las ventajas de las redes mundiales.

La Conferencia de Bonn deberá ser una clara señal política para anunciar este cambio de orientación. La Declaración de Bonn debe convertirse en el punto de partida del avance en el desarrollo del comercio y los contenidos, para explotar el potencial de la infraestructura liberalizada en un entorno que proteja los derechos e intereses de los usuarios y el interés general de la sociedad.

Por consiguiente, la Conferencia de Bonn representa una oportunidad única para que Europa deje su huella en el aspecto más importante de la sociedad mundial de la información: el desarrollo de los contenidos y el comercio, que generarán los beneficios en términos de competitividad, crecimiento y empleo.

El modelo de las alianzas mundiales y regionales y la mundialización de la información, especialmente a través de Internet, muestran que el mercado, que funciona dentro de un marco regulador claro y predecible, está respondiendo a las oportunidades ofrecidas por la competencia y la liberalización. Se están obteniendo ventajas para todos los ciudadanos en cuanto a los precios, la calidad y la elección. Aunque se ha logrado mucho, es preciso hacer más.

En las páginas siguientes, se pretende centrar la atención en los ámbitos en los que el desarrollo de las redes mundiales de información puede beneficiarse de la utilización constructiva y esclarecida del poder público. Se ha intentado dar la importancia debida a los intereses legítimos de la industria y los usuarios.

2. PRINCIPIOS GENERALES DOMINANTES

Los derechos fundamentales, como la libertad de expresión y el respeto de la intimidad de las personas con respecto al procesamiento de datos personales, constituyen el fundamento de las sociedades democráticas y deben respetarse en cualquier intento de hallar un acuerdo internacional sobre la utilización de las redes mundiales de información. Dichos derechos y sus límites se recogen en la Convención Europea de los Derechos Humanos y en las constituciones, legislaciones y tradiciones nacionales.

Tales derechos no son ilimitados y debe establecerse un equilibrio entre ellos y la protección de otros intereses de la sociedad en general y de las personas, tales como el mantenimiento de la seguridad nacional y el orden público, la salvaguardia de la dignidad humana, la protección de los débiles y la protección de la propiedad intelectual. La legislación debe proporcionar también protección adecuada para la reputación e intimidad de las personas y proteger al consumidor.

Por ejemplo, diferentes Estados confieren diversos grados de importancia al principio de la libertad de expresión, según sus tradiciones culturales y su legislación. Por consiguiente, en algunos existe una prohibición general de cualquier forma de control público sobre los medios de comunicación y se ejerce la autorregulación. En otros, la protección estatal de intereses como la moralidad pública y los derechos de los menores conlleva una censura severa en casos concretos.

Cuando se apliquen estos principios generales, las restricciones sobre el uso de las redes mundiales de información deberán reflejar y complementar la legislación vigente ya aplicada a las formas de expresión tradicionales impresas y audiovisuales, con el fin de salvaguardar el equilibrio existente entre la libertad de expresión y los demás intereses mencionados. Únicamente deberán adoptarse nuevas reglamentaciones si son necesarias en pro del interés público.

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